05/06/2026
La Comisión 8M de Cádiz respalda a Paqui Pino tras la sentencia contra Juan Carlos Aragón
La Comisión 8M feminista de Cádiz ha manifestado su apoyo y solidaridad a Paqui Pino tras la difusión de la sentencia condenatoria por violencia de género relacionada con Juan Carlos Aragón. En su comunicado, la agrupación advierte de que el debate público en torno al caso no puede reducirse al sentimentalismo ni a la idolatría hacia figuras públicas, sino que debe entenderse como una cuestión política y social sobre la respuesta colectiva ante las denuncias de violencia machista.
El colectivo subraya su respaldo firme a la víctima y recuerda que ninguna mujer debe afrontar en soledad el peso social, mediático y emocional que implica denunciar, sobre todo cuando quien denuncia señala a una persona con reconocimiento público o que forma parte de la memoria afectiva de la ciudad. En ese sentido, 8M reclama el avance de mecanismos legales, institucionales y sociales que eviten la revictimización y el cuestionamiento público de las denunciantes.
La Comisión expresa su preocupación por la doble vara con que se trata a las víctimas: el foco suele desplazarse hacia la mujer —sobre cuándo habla, por qué lo hace ahora o con qué intención— en lugar de centrarse en la violencia perpetrada. Defiende además el derecho de cada mujer a decidir el momento en que hace pública una experiencia de abuso, recordando que no existen calendarios correctos para denunciar y que los procesos personales están marcados por el miedo, la culpa y la presión social.
El comunicado también plantea que no puede aceptarse un discurso que separa por completo la figura artística del comportarse personal cuando se trata de violencia machista. Reconocer la valía cultural de una persona no debe servir para silenciar, minimizar o relativizar el daño causado. «La memoria cultural de Cádiz no puede construirse a costa del silencio de las víctimas», advierten desde 8M.
Por último, la Comisión reivindica el derecho a señalar y criticar conductas machistas dentro del Carnaval y en cualquier otro ámbito social sin temor a represalias, campañas de acoso o intentos de censura. «Una sociedad democrática y madura no es la que protege mitos, sino la que es capaz de escuchar a las víctimas, asumir contradicciones colectivas y situar la dignidad y la vida de las mujeres por encima de cualquier símbolo», concluye el texto.
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